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Capítulo de 1981, el ministro provincial saliente había informa– do sobre la posibilidad de abandonar algunas casas. En concre– to hizo alusión a la residencia de Manzanares: parece que allí ya no éramos necesarios; se informó de que habían surgido con– flictos con los nuevos sacerdotes diocesanos y que parecía pru– dente retirarnos a tiempo, no en el momento del enfrentamien– to . Se había trabajado bien y debíamos salir con dignidad. A comienzos de 1982 aparecieron ciertas dificultades en la fraternidad y, el 7 de febrero de 1983, el ministro general, Flavio R. Carraro, comunicaba su consentimiento para el cierre de la residencia: «Por la presente comunico que concedo mi consentimiento para la supresión de la casa religiosa de Manzanares, constituida según res– cripto del señor nuncio en España, de fecha de 22 de mayo de 1944, con facultades especiales en aquellas fechas, y supuestos los demás requisitos exigidos por el derecho. » En carta del 17 de enero de 1983, el hermano ministro pro– vincial, Fidencio González, anunciaba a los religiosos: «Ayer, 16 de enero, se ha hecho entrega de la parroquia de la Asunción de Manzanares a la diócesis de Ciudad Real, cumplidos todos los requisitos legales. Nuestra casa de Manzanares se cerrará a finales de mes y los hermanos que forman aquella fraternidad han recibido ya nuevos destinos. » El hermano Esteban sufrió esta decisión en sus propias car– nes, hasta el punto de ofrecerse a los superiores para continuar él sólo si así lo estimaban oportuno. Pero la suerte estaba echada: quien había visto lleno de ilusión nacer aquel campo de aposto– lado, hubo de ser también resignado testigo de su defunción. Desde comienzos de 1983 hasta el final de sus días residió en Madrid. Estuvo primeramente en el convento <lel Sagrado 443

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