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Octubre año, como organista de la iglesia y ayudante del coro del semi– nario, al que expresamente deseaban escuchar muchas de las gentes venidas de Madrid. En 1971 regresó nuevamente a las ya conocidas tierras gallegas, permaneciendo durante tres años en el convento de Vigo. También aquí colaboró en el culto de la iglesia armoni– zando las celebraciones litúrgicas y dedicando parte de su tiem– po a impartir clases de religión en la Sección Femenina de Falange. Los cambios de residencia del hermano Manuel, no excesi– vamente numerosos, finalizaron con su traslado al convento de Gijón, adonde fue destinado en 1974. En honor a la verdad, hemos de decir que no sintió excesivo entusiasmo por este nuevo cambio; pero lentamente se fue aclimatando a las tierras asturianas, llegando a sentirse feliz en la nueva fraternidad. Fueron veintidós años en los que se sintió querido por los hermanos de la misma y tambiénpor los fieles y amigos que fre– cuentaban nuestra casa. Aquí desempeñó los cargos de asistente de la OFS, director de la Pía Unión de San Antonio, organista, cronista del conven– to y colaborador de la hoja informativa publicada por los miem– bros de la OFS. Por su carácter, nunca fue un forofo de la itinerancia ni de los viajes; pero en este caso, la peculiaridad de su trabajo y el contacto con la gente le animaron a integrarse en numerosas excursiones a distintos lugares como «acompañante espiritual» . Con los años, su salud psíquica comenzó a evolucionar a la baja. Los escrúpulos habían sido para él un tormento durante muchos años; por eso las consultas sobre cuestiones nimias, las peticiones de dispensa para determinados trabajos o asistencias llegaron a causarle problemas anímicos difíciles de superar. 434

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