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Muy aficionado a la música y a la literatura, puso sus cuali– dades a disposición de los estudiantes en numerosas disciplinas trasversales muy relacionadas con la educación: ayudaba como organista en los ensayos de la Schola Cantorum del seminario; compartía con los estudiantes el tiempo de recreo para introdu– cirles en el aprendizaje del piano; corregía las composiciones literarias con las que debían intervenir en las veladas y fue director, durante algunos años, de El Niño Seráfico. Ésta era la publicación oficial del seminario, muy útil para estimular el tra– bajo de los estudiantes. iCuántos se consideraron orgullosos de poder contemplar su nombre «a imprenta» bajo las crónicas, composiciones o poesías seleccionadas entre las mejores! En 1961 le llegó la noticia de un cambio de residencia, pero no de dedicación. Destinado al convento de Santander, conti– nuó su labor docente como profesor de latín, literatura y lengua castellana, geografía y atención musical a la escolanía reciente– mente fundada. Fue muy eficaz su colaboración en las activida– des relacionadas con el culto en la iglesia, donde las celebracio– nes eran más numerosas que las de El Pardo, por su localización dentro de la ciudad . En 1970 regresó nuevamente a El Pardo. El culto en el san– tuario del Smo . Cristo se había incrementado notablemente por la numerosa asistencia de fieles que, llegados de Madrid, se fue– ron acostumbrando a disfrutar en este bello lugar de su descan– so dominical: las mayores facilidades para el transporte, los lugares de ocio, la tranquilidad para el esparcimiento de los niños .. ., eran un aliciente para que familias enteras permane– cieran unas horas en El Pardo. Los religiosos aprovecharon esta circunstancia para ampliar el número de misas y solemnizar las celebraciones. La magistral intervención del coro del colegio se convirtió en un reclamo que llenaba el templo en las misas del mediodía. El hermano Manuel estuvo presente, durante un 433

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