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Octubre ción; pero fueron pocos los pasos que pudo dar en esta prime– ra andadura de experiencia sacerdotal. Con suerte y desgracia juntas, su estancia en Bilbao coincidió con el estallido de la Guerra Civil: se libró de verse involucrado en los graves proble– mas que la contienda creó a otros religiosos, pero también estu– vo zarandeado por algunas de sus inclemencias. Expulsado del convento a los pocos días de su llegada, se refugió en diversas casas de la ciudad hasta que pudo reunirse con sus familiares en Escalante, su pueblo natal. En 1937 fue trasladado a Salamanca y nombrado capellán de Intendencia, residiendo en el convento mientras desempe– ñaba los trabajos propios de la capellanía militar. En 1939, ya con la paz nacional asegurada, fue enviado a La Coruña para colaborar en el culto de la iglesia y dedicarse a la predicación popular en las tierras de Galicia. Por muy poco tiempo su nueva residencia será el convento de Jesús de Medinaceli (1941 ). Aquí colaboró en el culto des– arrollado en el santuario y en las demás actividades propias de la fraternidad. Una de las etapas más significativas de su vida comenzó cuando, en 1942, fue destinado a la fraternidad de El Pardo como profesor y colaborador en las diversas actividades del seminario menor. Fueron casi veinte años vividos con intensi– dad y empleados en los diversos menesteres que implica la labor educativa en un internado: clases, mantenimiento de la disciplina, atención espiritual, actividades extraescolares ... Aparte de otras asignaturas, dio clases de latín y canto gre– goriano, disciplinas para las cuales se había preparado asistien– do a cursos de verano en la Universidad Pontificia de Sala– manca. 432

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