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l . . Octubre La clásica tozudez de quien ha comprobado que las cosas cuestan, que los ideales hay que trabajarlos y que los proyectos no se plasman en realidades sin perseverancia y esfuerzo, fue la tónica dominante de su empresa misionera; por eso, nunca soltó el arado para mirar hacia atrás. El padre Cesáreo no fue un misionero teórico, platónico o sentimen– tal; no consideró a los indígenas como entes raros o curiosos para excur– siones etnográficas o lingüísticas, como si fueran una fauna en peligro de extinción: fue un misionero integral, afectivo y efectivo. Como cris– tiano y franciscano vio siempre en sus misionados hijos de Dios y her– manos de los demás hombres. lntP.!igP-ntl\ ingrnúmi de proyectos evangelizadores, decidido, incansable . .. Desde joven vio muy clara su misión: - «Ir nosotros y no esperar que vengan es una norma de todo enviado. » - «Ir nosotros a su propia casa en fraternal acogida, y no esperar que vengan ellos a mendigar a nuestras puertas. Esto es amor y caridad cristianos. » - «Ir nosotros con el convencimiento entrañable de que allí encon– traremos hombres con valores culturales de todo género, que nos– otros debemos respetar, estudiar, reconocer y cultivar. » - «Por eso me fui de misionero: para comprenderles y estimar sus valores; para anunciarles el Evangelio; para entregar mi vida a su servicio. Porque éste es el verdadero indigenismo: civilización y evangelización. » BIBLIOGRAFÍA: AO 2 (1998) 333; AP fol. 368; BOP 11(1950) 96, 144 (1974) 319 339, 149 (1974) 607, 172 (1978) 285, 173 (1978) 334 347, 190 (1981) 392 312, 246 (1 qq¡:¡) ;)47-:Ví2; noc 71 (1996) 201 - 134; 427

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