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j.:, Octubre de Machiques, desde donde regresó a España después de dieci– siete años ininterrumpidos de permanencia en tierras de misión. Ocurre muchas veces: cuando el héroe ha conseguido con paciente labor triunfar en una empresa difícil, le comunican de repente su traslado y que otros le reemplazarán para recoger los frutos que él tan afanosamente sembró. El tiempo que permaneció en España fue para él como un interregno misional: en 1951 es nombrado superior de San Antonio (Madrid) y Definidor provincial; en 1954 lo es de la fraternidad de Santa Marta (Salamanca) y, en 1957, es traslada– do a Santander como vicario del convento. Nueve años de per– manencia en la madre patria que fueron bien aprovechados para hacer su siembra de inquietudes misionales en retaguar– dia. En 1959 deja España para incorporarse a la Custodia de Venezuela, y es nombrado párroco de Santa Inés de Cumaná. Si en la primera etapa de estancia en tierras venezolanas había sido el misionero «explorador y evangelizador», su segun– da permanencia le consagró como el misionero «publicista e investigador». Éste fue su trabajo: 1960 - Se le confía la dirección de Venezuela Misionera. Para mejor cumplir su cometido se inscribe en la Universidad Cató– lica para cursar la carrera de periodismo, graduándose en la primera promoción. Como director de Venezuela Misionera impulsa el Centro de Estudios Venezolanos Indigenistas, en cuyos inicios había teni– do ya un gran relieve la figura del padre Cesáreo. Este mismo año es designado académico de la Academia de la Historia, íorrespon<liente por el estado de Monagas. De esta manera se 423

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