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Octubre «Un claro en la selva y una aurora en la sierra»; así calificó la prensa de Maracaibo la fundación de Los Ángeles del Tu– cuco. Su ánimo tesonero lo iba a demostrar el padre Cesáreo en una nueva estrategia misional de la que iba a ser testigo de excepción: la campaña de pacificación de los indios motilones. El primer vuelo de «bombardeo pacífico» se realizó en mayo de 1947. En éste y en los cuatro siguientes no fue posible obser– var ninguna reacción positiva por parte de los indígenas, pues todos se escondían en sus chozas o se ocultaban en la espesura de la selva cuando el avión pasaba lo más bajo posible para lan– zar sus regalos en son de paz. Pero la gran sorpresa se produjo en el quinto vuelo, el 28 de noviembre de 1947. Esta vez las «bombas» se lanzaron en para– caídas donados por el Ministerio de Defensa. «Nuestra grata sorpresa surgió cuando pudimos comprobar que los indios salían al descampado que rodea sus bohíos con gesto tranquilo y confiado. Hasta pudimos percibir cómo los muchachos trepaban al techo de las chozas, no por miedo, sino para vernos mejor. .. » El original estilo de la estrategia misional había dado sus primeros frutos. Había llegado la hora de la verdad, la del posi– ble contacto personal. El avión ya no servía y se pensó en la uti– lización de un helicóptero: empresas, parroquias, colegios, gen– tes de buena voluntad fueron movilizados para su adquisición. Hubo muchas respuestas generosas y entusiastas; pero las com– plicaciones se fueron multiplicando y no fue posible solucionar el problema motilón, que aún tardaría doce años en resolverse. Tras renunciar al cargo de superior en la misión del Tucuco (1948) y después de haber realizado una nueva excursión a la sierra de Perijá, el padre Cesáreo es trasladado a la residencia 422

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