BCCCAP00000000000000000000710
campos fueron el resultado inmediato de aquel regalo de la naturaleza. En 1944 se trasladó a Cuba, donde permaneció catorce me– ses ayudando en las residencias de Bayamo, Cruces y Marianao. En septiembre de 1945 regresó a tierras misionales, incor– porándose al Vicariato Apostólico de Machiques, erigido el 26 de mayo de 1943. El 2 de octubre de 1945 el padre Cesáreo se hace protago– nista de una nueva e importantísima fundación. En compañía de Bernardo Santos (fray Primitivo de Nogarejas) se interna en la selva de Perijá con intención de buscar un lugar donde ubi– car un nuevo centro misional: Los Ángeles del Tucuco. En esta zona de la región de PerJJá existian varias denominaciones de indios ocultos en lo más espeso de la selva o acorralados en la montaña: son los yucpa, los japreria y los motilones, estos últi– mos protagonistas de cuentos y leyendas tejidas por fantasías desorbitadas como producto del temor o la ignorancia. La fundación a orillas del Tucuco no fue nada fácil ni cómo– da para los misioneros: «Si de la tierra llana, toda caminos de esperanza, trepamos a la sie– rra, toda repechos de osadía, nos hallamos reducidos por todas partes a las limitaciones que nos imponen los picachos, los barrancos intransita– bles y los ríos no navegables. Y si de la sabana abierta nos internamos en la selva hallaremos aquí la cerrazón que oprime el ánimo, la umbrosidad que acorta y anula el horizonte, la traición y el ataque a mansalva de la estrechura y de la sombra.. . Contra estos elementos adversos hemos de luchar en nuestro afán de civilizar y cristianizar a estos indios». 421
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz