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Pasó luego al noviciado de Bilbao, vistiendo el hábito reli– gioso el 2 de agosto de 1924, en cuya ceremonia se le impuso el nombre de fray Cesáreo de Armellada por el que siempre ha sido conocido. Una vez emitida su profesión, el 3 de agosto de 1925, se trasladó al colegio de Montehano para iniciar los estu– dios de filosofía. Desde 1928 a 1931 cursó los estudios teológicos en el cole– gio de León, donde emitió los votos perpetuos el 12 de febrero de 1930. Recibió las órdenes sagradas en Astorga, el 11 de octu– bre de 1931. Su actitud inquieta por los nobles ideales misioneros comen– zó a dar sus primeros frutos por los años treinta, cuando, en los albores de la juventud, y todavía en el teologado de León, tan– teó nuevos cauces apostólicos mediante la expresión de un pro– yecto que iba a producir frutos extraordinarios: «La Asociación de Zagales de la Divina Pastora». En su fundación, organización y desarrollo intervino de forma decisiva el entonces estudiante Cesáreo de Armellada. Él fue quien propuso el nombre de «Zagales», formuló los estatutos de la asociación, consiguió la aquiescencia de los superiores (a pesar de la apatía de los pro– fesores del colegio) y obtuvo la adhesión unánime de los estu– diantes, cuyo entusiasmo desbordó en manifestaciones externas de cariño hacia los misioneros. Ni él ni sus compañeros se dur– mieron en los laureles: el resultado concreto, ejemplar y aleccio– nador fue que todos los pertenecientes a la asociación de «Zagales» pidieron y consiguieron de los superiores ser envia– dos a Venezuela. Y todos ellos se convirtieron en las figuras más veteranas y beneméritas que ha tenido la Provincia de Castilla en sus misiones de Venezuela durante la segunda mitad del siglo XX: fundadores, exploradores, colonizadores, historiado– res y, sobre todo, mensajeros <lel Evangelio. 417
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