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Octubre él mismo se encargó de propagar recitándolo en la iglesia durante el tiempo de Cuaresma. Con las dádivas de amigos y bienhechores sufragó los gastos para la publicación de un libro titulado: Diálogos inte1planetarios. Dejo constancia del retrato físico y semblanza espiritual de Jesús Martínez con las credenciales de alguien que le conoció durante muchos años, y la sensibilidad poética de quien parti– cipó de sus vivencias. Escribe Fermín de Mieza: « ... Era un frailecito capuchino tan pequeño como para ponerlo en una cómoda; siempre con su hábito, su barba, su rosario. Parecía de juguete. Al llegar a la casa de «El Santo», lo primero que se encontra– ba el visitante era su sonrisa y su palabra amable(. .. ). Hombrecillo de pie, montoncillo de carne frágil, pero suficiente para ser; cara a la socie– dad, el aspecto servicial y disponible de esta fraternidad capuchina de «El Santo». jesús de Abia tenía tres amores fuertes: el amor a la Virgen, el tra– bajo sencillo de precisión manual -para esto poseía una habilidad espe– cial- y el amor de amistad que correspondía con detalles de cortesía, siempre originales. Bendito y sencillo fraile menor que se ha llevado al cielo en su media mano, mutilada por un percance fortuito, un manojo de obras buenas, las de la vida cotidiana, las de ser lo que se es humildemente, cuando se va por la vida bendiciendo a Dios. Lo escribió él mismo en dos versos que tenía en la cabecera de su cama: «Llega a la meta, pisando este suelo, por la senda recta, y arribar al cielo.» BIBLIOGRAFÍA: AP fol. 510; BOP 221 (1989) 92-95; Flash 6 (2000) 16-17; El Santo (noviembre, 2000). 412
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