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no encajaban entre sí. Bajaron a los sótanos del convento y encontraron en un rincón una pieza metálica puntiaguda que, pensaron, podía serles útil para presionar con ella y conseguir la unión con menos esfuerzo. Un martillazo sobre la pieza encontrada, previamente introducida en uno de los tubos, trajo como resultado una fuerte explosión y la amputación de varios dedos en una de sus manos. Se trataba de un artefacto militar abandonado durante la guerra .. . ¿pudo ser una pequeña ayuda milagrosa del Cristo de Medinaceli la que salvó la vida del entonces fray Carlos de Abia? ¿Por qué no? iTambién los frailes tenían derecho a su protección! Últimamente fue abandonando de forma paulatina y, «voluntariamente obligado» por las circunstancias, los trabajos en la sacristía y portería de Santander; pero sigue en el recuer– do la estampa de este pequeño hermano caminando todas las tardes por los pasillos del convento con su lento andar, sus bra– zos cruzados o desgranando las cuentas del rosario para rezar a la Virgen. Con ochenta años de edad, las carencias físicas se fueron adueñando de su organismo . Siendo necesarias especiales aten– ciones médicas fue trasladado a Madrid, donde falleció el 2 de octubre de 2000. Sin olvidar los trabajos realizados en las fraternidades por encargo de la obediencia, Jesús contribuyó espontáneamente a solucionar muchas necesidades domésticas con sus pequeños detalles: restauración de imágenes, nacimientos, pequeños uten– silios . .. El hermano «Chuchi», como algunos le llamaban, era un «manitas», aunque le faltaban varios dedos. Sin estudios humanísticos especiales, no tuvo complejos para manifestar sus aficiones literarias, escribiendo una peque– ña biografía (que se conserva inédita) y un devoto Vía crucis que 411

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