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pliegos de papel, nos ha legado una anécdota de su infancia que retrata al niño temeroso de Dios, gracias al regalo de una madre buena y cristiana, lo mejor que tenía en este mundo. Había tenido que ir a Torrelavega a buscar una medicina para su madre enferma. Ya de vuelta, al llegar al puente de piedra sobre el río Besaya, cercano a Cartes, le detuvo un mozalbete que cogiéndole de los pies le colgó sobre la barandilla con la cabeza hacia abajo, amenazándole con tirarle al río si no rene– gaba de «su creencia en Dios». Hasta tres veces fue conminado a renegar de su fe; pero Jesús se negó. En un momento determinado vio cómo se deslizaba fuera de su bolsillo la medicina que llevaba para su madre y, ante el temor de su inminente caída al río, accedió a decir que no creía en Dios. Está claro que ni el convencimiento, ni el miedo a su propia vida fueron la causa de esta «infantil apostasía», sino el peligro de perder el remedio para la salud de su madre . .. Luego caminó deprisa y lloró de rabia. Su corta edad no le había permitido un discernimiento claro de lo que debía hacer en aquellos momentos. ¿primer mandamiento? ¿cuarto man– damiento de la ley de Dios? Seguramente pensó, si pudo pen– sar en algo, que eran compatibles los dos; y sintió internamen– te el pesar de tener que hacer algo que no quería. En más de una ocasión se lamentaría más tarde de no haber muerto con– fesando a Dios. Después de haber pasado un período de postulantado en El Pardo, ingresó a los veinte años de edad en el noviciado de Bilbao, el 11 de marzo de 1940. Recibió el nombre religioso de fray Carlos de Abia. Emitió los votos temporales el 12 de marzo de 1941, siendo después trasladado al convento de El Pardo, donde profesó de votos perpetuos el 19 de marzo de 1944. 409

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