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tata que ya había sido detectado, años atrás, cuando se encon– traba en Valladolid. Con diversos altibajos en su salud, daba la impresión de haber experimentado una ligera mejoría durante el mes de sep– tiembre, pero el 1 de octubre se tuvo la triste noticia de su falle– cimiento. Sus restos fueron trasladados a León, donde se cele– braron los funerales presididos por el vicario general de la dió– cesis, don Pascual Tejerina, y con la asistencia de numerosos religiosos, sacerdotes y amigos. Su féretro fue trasladado poste– riormente a Prioro para recibir el homenaje de sus paisanos y ser acompañado en el enterramiento, que tuvo lugar en su que– rida ermita de El Pando. Al fin había podido verla concluida antes Je 1110ÜL El perfil biográfico del hermano Clemente puede quedar resumido en unas cuantas palabras: su vida estuvo dedicada a las funciones típicas de los religiosos capuchinos no clérigos, con especial incidencia en los oficios de portero y limosnero. Destacó en todos los lugares en que estuvo destinado por su ale– gría, sencillez, simpatía y don de gentes, y practicó una profun– da devoción a la Virgen. En verdad, estas notas características de su vida han queda– do plasmadas en el copiosísimo anecdotario que, recordado, podría resumir todo lo que hizo y todo lo que fue. Los caminos, pueblos y ciudades de las viejas tierras de Cas– tilla fueron testigos fieles de sus andanzas, recogiendo limosnas y pagando con los buenos ejemplos de la humildad y la senci– llez. No sólo sus alforjas llegaban a los conventos repletas de cosas para remediar las necesidades materiales de los religiosos porque, guardadas en el maletín de sus recuerdos, portaba tam– bién otras riquezas con que poder aliviar las necesidades del espíritu. Las sobremesas en los conventos que visitaba se con- 403

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