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I ', ... octubx: .. e: .. ,~~I .. ' ....... ' . . ..,,.,, "" ' . ' .. , en la que destacan los cerros de la Teja, el Cueto y la loma de Valdelaserna. Bañado por los ríos Cea, Moscoso y Mental, junto con los arroyos de San Pelayo y Montolalla, sus tierras son aptas para la ganadería y el cultivo de legumbres y cereales. A unos 12 km hacia el Norte se encuentra el puerto de Pando (1.432 m) y, en el Noreste, el de Monteviejo (1.433 m), ambos muy cer– canos al actual embalse de Riaño. Las laderas de los montes se encuentran pobladas de hayas, robles y piornos, y en el pueblo se desarrollan algunas pequeñas industrias. En medio de este bello paisaje transcurrieron los primeros años de Lorenzo ayudando a su padre, pastor trashumante que pasaba las temporadas de verano cuidando el ganado en las alturas de la montaña. Su vocación religiosa nació ya bien entrados los años de juventud. Parece que su primera intención fue ingresar en los jesuitas de Carrión; pero la demora del viaje a causa de las malas comunicaciones coincidió con los anuncios de la Guerra Civil, que le obligaron a alistarse como soldado de intendencia. Así recorrió Asturias, Cantabria, las provincias vascongadas y el valle del Ebro. Su vocación sobrevivió y tomó un nuevo impulso con moti– vo de una misión popular predicada en Puente Almuey por un capuchino, el padre Casto de Villavicencio. En las mismas cir– cunstancias sintió también su llamada vocacional el que años más tarde llegaría a ser mons. Agustín Álvarez de Renedo. En 1934, a la edad de veintidós años, fue recibido en el con– vento de El Pardo, permaneciendo allí hasta el año siguiente en que se trasladó al convento de Bilbao para comenzar un novi– ciado que no pudo concluir, por haberse declarado ya la Guerra Civil. En esta fraternidad trabajó como refitolero, zapatero y albañil. 401

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