BCCCAP00000000000000000000710

------ --- A partir del 15 de agosto su deterioro se fue haciendo más notorio y se contactó con la señorita Tamara Salinas, una enfer– mera que, aparte de sus conocimientos y habilidades profesio– nales, profesaba una gran simpatía por el padre Vicente. Por propia iniciativa, demostrando mucho aprecio y gran confian– za, le prestó sus atenciones cons1gmendo que sus últimos dias fueran serenos y tranquilos a pesar de sus dificultades. El 23 de agosto comió por última vez con la fraternidad; el 27 celebró su última eucaristía y el 2 de septiembre recorrió en silla de ruedas, y también por última vez, el presbiterio de la iglesia para rezar ante el sagrario. Tres días más tarde se vio obligado a utilizar la botella de oxígeno para aliviar su fatigosa respiración y el día l 7, conme– mmación Je la~ lldgas de San Francisco, dejó los sufrimientos de esta vida, pasando a celebrar la fiesta en compañía de los bienaventurados, con ochenta y ocho años de edad y sesenta y dos de misionero. Como causa del deceso, el médico señaló «paro cardiopulmonar». Vicente López no experimentó durante su vida enfermeda– des graves que afectasen a su salud, únicamente las derivadas de su caída. Pero a su edad, fueron suficientes. Un rosario de anécdotas y recuerdos fueron desgranando los religiosos en torno al féretro antes de conducir sus restos al cementerio Sur de Caracas. Entre oración y oración, los recuerdos eran un buen homenaje como despedida íntima de su comunidad. Su historial ha sido uno de los casos más típicos de misione– ro polifacético ante las eventuales necesidades que se presentan en los centros misionales: el confesonario, la estola, el hisopo, el frasco de los santos óleos o la concha de bautizar eran luga– res o instrumentos sacramentales que armonizaban en sus ma– nos con el martillo, la pala, el micrófono, el polímetro o ~l sol- 383

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz