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Septiembre después de haber sido firmado el título por los tres vicarios apostólicos y los respectivos superiores regulares. En 1970 pasa como superior interino a Kamarata y, en 1~75, es nombrado coadjutor de Kavanayén, encargándose al mismo tiempo de la atención a la turbina hidroeléctrica, «Radio Faro», estación meteorológica y demás instalaciones al servicio de la misión. El año 1975 coincide con el inicio de la última etapa misio– nera de su vida. Trasladado a la fraternidad de las Mercedes de Caracas, los superiores le confían la administración de la revis– ta Venezuela Misionera, debiendo solventar los problemas econó– micos de impresión, suscripciones y corresponsalía con sus numerosos lectores. Este trabajo «de oficina» no le inhibió para convertirse en un incansable mensajero de las misiones, llevan– do la revista a ministerios, empresas y domicilios, y buscando publicidad siempre con una palabra evangelizadora. Tampoco se olvidó de sus misiones de la Gran Sabana, aprovechando las ocasiones y circunstancias apropiadas para realizar suplencias o hacer una revisión de las innumerables instalaciones industria– les o caseras que había realizado durante su estancia en aque– llas tierras. Pero los años no pasan con billete de ida y vuelta, y hasta los mejor dotados físicamente van perdiendo su vitalidad. El decli– ve de su salud comenzó a hacerse patente cuando, el 9 de febre– ro de 2000, cayó al suelo mientras se encontraba dirigiendo el vía crucis en la iglesia, con el resultado de rotura del húmero izquierdo. Fue la primera caída, pero no la única, como sucedió a Cristo en el camino del Calvario. A ésta siguieron otras y sur– gió la necesidad de un casi continuo acompañamiento por par– te de algún hermano para ayudarle las repetidas veces que se levantaba de la cama. 382

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