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manos de Mons. José Álvarez Miranda, conde de Colle y de las Arrimadas, el 28 de febrero de 1937. El trabajo apostólico de este religioso leonés estuvo siempre ligado a las misiones de Venezuela. Llegó a la misión del Caroní el 23 de diciembre de 1938, ,if.'ndo Upat::i 511 primPr dPstinn Allí permaneció durante diecisiete años, ejerciendo los cargos de provicario y prosecretario del Vicariato Apostólico, coadju– tor y paje de Mons. Gómez Villa, así como director de varias congregaciones: Apostolado de la Oración, catequesis, aspiran– tes de Acción Católica y Divina Pastora y confesor en el semina– rio indígena. Bautizaba, confesaba, predicaba.. . El año 1954 fue pródigo en acontecimientos para los capu– chinos de Venezuela. El 14 de julio tiene lugar la apertura del cenlro misional <le Kamarata; el 14 <le octuLre se inaugura la residencia de La Florida, en Caracas, y este mismo año tiene lugar la división de la misión del Caroní en dos zonas, la del Delta y la Gran Sabana. Esta división dio lugar a la creación de un nuevo vicariato y a la reorganización eclesiástica del Oriente venezolano, reple– gándose los capuchinos a la zona indígena y dejando en manos del clero secular muchas parroquias fundadas o atendidas por ellos : San Félix, El Palmar, Guasipati, El Callao, Tumeremo, Upata ... Este abandono de Upata, que pasó a la jurisdicción de Ciudad Bolívar, motivó el traslado del padre Vicente a Santa Elena del Uairén como ayudante de la parroquia. Siendo delegado temporal del vicario apostólico para la Paragua llegó a administrar quinientos bautismos y casi cuatro– cientas confirmaciones en un solo día. En 1960 fue <leslina<lo a la residencia de la Merced-Caracas, abierta el 12 de octubre de 1954, responsabilizándose del cargo rlt> prnrnrador de las misiones en suplencia de Ángel Pineda y 381

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