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Septiembre Cinco llagas, cinco estrellas ... Alto en el alto, las gentes te piden, Señor, por ellas ... El Pardo termina en cresta, alargada en oración. Cinco notas de pasión resbalan sobre la cuesta... » Y así le confió al Señor su suerte, inspirado en la yedra que trepaba al lado de su ventana: «Quiero, Señor, trepar como la yedra. Echar raíces aspirando el cielo. En mi terreno de dolor y piedra sentir el alma en constante vuelo. Siendo tan débil, me conternplo enano... porque tropiezo en mi noble intento, espero ver... que me darás la mano, y ser gigante en tu mismo aliento. » Fue un hombre de talla normal, más bien delgado, con una calva acentuada desde joven, andar con pasos cortos y ligeros y una voz tenue, pero bien modulada. Impecable en su forma de presentarse en público, su atuendo era sencillo pero sumamente aseado. El orden, la disciplina y el perfeccio– nismo eran cualidades inseparables de su persona. De carácter nervioso y tímido, daba la impresión de no querer hablar o pedir cosas que necesitaba por temor a molestar a sus interlo– cutores o comprometer a los demás. Discreto, educado y buen compañero era, sin embargo, algo intro– vertido y no daba a conocer fácilmente sus sentimientos. 376
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