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Septiembre Algo muy natural debía llevar en su sangre: también sus her– manos, el capuchino Juan Francisco y el periodista Dámaso Santos, comparten con él cualidades artísticas similares. Muchas personas cantan, pero pocos saben que el himno oficial de la «Virgen del Henar» es también una obra salida de sus manos. El año 1997 se inició con un religioso menos en la fraterni– dad de El Pardo. Pocos días antes, el 27 de diciembre, el herma– no Julio había solicitado personalmente a los superiores el tras– lado a la enfermería provincial, ante la imposibilidad de seguir haciendo frente a la enfermedad que padecía. Ya en otras ocasiones había pasado por la enfermería, siem– pre con la esperanza de retornar a su querido convento de El Pardo; pero esta vez el camino no tuvo retorno. El sistema nervioso fue el más afectado por la enfermedad de «Parkinson»: dormía muy poco y mal; la marcada acinesia desequilibró todos sus movimientos, y el temblor de las extre– midades le traía por la calle de la amargura. «iQué más quisie– ra yo! iSi supieras lo que es esto! » Fue la contestación a un com– pañero que le dijo: «Toma una aguja y ponte a coser botones co– mo hiciste durante la guerra, verás cómo se te paran las manos». Su estado llegó a tal extremo de impotencia que arruinó su aparato locomotor: empezó con un andador y terminó en un carro de ruedas. El hipertiroidismo y el parkinson fueron los dos brazos de la cruz en la que se vio crucificado el hermano Julio. Ambas, cró– nicas e incurables, le condujeron a un estado de consunción que le dificultaban la respiración y la deglución de los alimentos. Unas circunstancias propicias para recibir la visita de la muer– te, que llegó el 1Ode septiembre de 1997. 374
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