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Septiembre Su labor en el colegio fue la dedicación casi total al ejercicio de la docencia, al mantenimiento de la disciplina y a la atención espiritual de los seminaristas. En 1987 cesó en su trabajo do– cente por enfermedad. Desde 1952 a 1955 asistió durante el verano a clases de humanidades en la Universidad Pontificia de Salamanca, obte– niendo el diploma de capacitación pedagógica para la enseñan– za. Aunque impartió clases de diversas asignaturas, empleó la mayor parte de su tiempo en la enseñanza de la lengua france– sa y del canto gregoriano. En su situación, hubo de compaginar el horario escolar y el servicio de vigilancia en el colegio (recreos, capilla, dormitorio, comedor ... ) con otras muchas actividades extraescolares, que le obligaban a permanecer casi todas las horas hábiles del día en compañía de los estudiantes. Durante más de doce años estuvo al frente del teatro del colegio, dirigiendo esmeradamente las representaciones, pre– parando las veladas mediante los ensayos y planificación de los programas, y asistiendo personalmente a su representación. Afrontando riesgos y preocupaciones, entraba en el escenario seguro de obtener los mejores resultados. En este aspecto, era meticuloso y exigente, pues estaba en sus manos la responsabi– lidad de obtener o de malograr el éxito . Las clases de urbanidad y declamación, que también estu– vieron a su cargo durante varios años, servían de preparación a los alumnos para «quitarles el miedo» en sus actuaciones públi– cas y ensayarles adecuadamente para una posterior interven– ción. La dirección espiritual de los seminaristas fue otra de las tareas que cuidó con especial esmero y dedicación. No se limi– taba únicamente a la dirección de los alumnos que tenía enco– mendados, sino que tenía programada para todos una metódi- 372

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