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Septiembre médicos. Después de muchas pruebas en diversos hospitales continuaba el misterio sobre el origen de dichas hemorragias, aunque se lograban controlar mediante numerosas transfusio– nes de sangre. Lo que no se pudo evitar fue la anemia galopan– te que se estaba apoderando de su cuerpo y le obligó a pasar largas horas en el hospital. El 7 de julio se tomó la decisión de trasladarle a la enferme– ría provincial de San Antonio, donde se confirmó la gravedad de la fuerte anemia que padecía, pero no el remedio para la misma. A esto hay que añadir la presencia de insuficiencia car– díaca y la trombosis que le provocó un accidente cerebral. A los dos meses de estar en la enfermería se produjo el des– moronamiento físico total, falleciendo el 1O de septiembre de 1995. Sus restos reposan en la Sacramental de San Isidro, en Madrid. Pocas fueron, en cuanto a diversidad, las actividades que realizó este sencillo hermano capuchino; pero, aunque sin lau– reles humanos, en ellas consumió su vida. El marco reducido de la portería, y el no mucho más amplio de la sacristía, es el ambiente típico donde los hermanos no clé– rigos encuentran frecuentemente su campo de apostolado. En esta actividad de atención y servicio gastó el hermano Epifanio su tiempo y su trabajo, como portero y sacristán. Non multa, sed beneJacta, como las grandes obras de arte. El hermano «Epi» fue fisicamente un hombre de talla menuda, sin excesivas pretensiones para la galería, pero con una cálida sonrisa que hacía agradable su presencia. Poseía el don de la sencillez y la simpatía con las personas que se acercaban a nuestras casas; y mostraba con ellas, al igual que con los 366
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