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Dio sus primeros pasos entre los religiosos en el Seminario de Antequera, perteneciente a la Provincia de Andalucía; pero las circunstancias políticas de España en 1931 motivaron el cie– rre de este seminario y la consiguiente dispersión de los alum– nos, qm~ fueron enviados a sus casas. Este contratiempo en el inicio de su andadura vocacional no fue un obstáculo para mantener la inquietud que sentía hacia la vida religiosa. Su vocación seguía latente y probó suerte buscan– do la posibilidad de madurarla en algún convento de la Provin– cia de (:;::¡stilla. Los superiores accedieron, finalmente, a sus deseos; pero le orientaron hacia el estado de hermano no cléri– go dada su edad, su escasa preparación académica y su poco clara tlisposición para iniciar los estudios. En 1932 comenzó el tiempo de postulantado en Bilbao, y el 14 de agosto de 1933 el año de noviciado que concluyó con la profesión religiosa el 15 de agosto de 1934. Siete años hubo de esperar para emitir la profesión perpe– tua el 1 de febrero de 1941 en Montehano, debido a las circuns– tancias bélicas y conflictos políticos existentes durante aquella época de nuestra historia. Estando de residencia en el convento de Santander, en 1936, fue uno de los «agraciados» a quienes sorprendió la guerra sin acarrearle excesivos sobresaltos. Los aires bélicos soplaban fuer– tes en todas las regiones de España, y también en Santander se dejaron sentir los huracanes de la contienda: detenido por la FAI junto con otros religiosos, pudo marchar a Bilbao; y allí perma– neció refugiado desde diciembre de 1936 hasta mayo de 1937, trabajando en los caseríos de San Pelayo y Baquio. En 1937 se incorporó a la «zona nacional», participando en campaña como soldado de sanidad en los frentes de Vizcaya, León, Asturias, Teruel y Guadalajara.

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