BCCCAP00000000000000000000710

Septie:rnbri= . . ¡ los indígenas del siglo XX, su nombre se encontrará en prime– ra fila. Él coronó el proceso que desembarcaría en el contacto pací– fico con los indios barí al precio de su propia vida. Si hoy se puede hablar de este pueblo que crece y se desarrolla inserto en la civilización es gracias a los caminos andados por este misio– nero indigenista y sus colaboradores. Traigo a este lugar algunas anotaciones salidas de la pluma de su hermano Juan Francisco Santos: «Me tocó seguir de cerca su itinerario misional, pues tanto él como yo pertenecíamos al mismo Vicariato Apostólico de Machiques. Compartí con él gozos, proyectos e ilusiones, wrnv también momentos de prueba. El quehacer misional no es una partitura prefijada, nn r.s algn escrito, sino que hay que irlo escribiendo e interpretando según las cir– cunstancias, tiempos y personas (. .. )» «He gustado con especiales matices la experiencia de un mes entero que le acompañé en tiempos todavía difíciles en Saimadoyi como centro, pero de itinerancia a lo largo de diversas comunidades. Recuerdo que su vivienda era una choza, en nada superior a los bohíos indígenas. Quisieron fabricarle una casita más cómoda, pero siempre se negó, alu– diendo que cuando los barí tuvieran casa, entonces él podría tenerla (. .. )» «Su vida misionera no fue nada fácil. Sí me llamó poderosamente la atención cómo hasta en la vivienda más humilde donde habitó, pro– curaba tener su biblioteca con libros de teología, Sagrada Escritura, antropología, espiritualidad, etc. De ahí también su asiduidad en escri– bir, sobre todo en revistas (. .. )» «Él, como hermano mayor de la familia, y yo, como hermano menor, distante no sólo por la diferencia de edad, sino también por la forma de ser, nos encontramos en el mismo ideal, cada uno con su propia vida, pero coincidiendo en r.l mismo servicio.» 359

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz