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Septiembre « Yo no pude hacer un bohío para mi vivienda-capilla... Es más, por complacernos, reconstruyeron sus bohíos en Dakuma, Araktogba, y en Bogshí, que sirvieron, por determinación de ellos, como capilla y hospedería para transeúntes (. .. )» «Los barí perdieron la libertad con el fin de las misiones, al tener que esconderse otra vez en los montes ante el acoso y la persecución de los hacendados, colonos y petroleros criollos a raíz de la independencia. Otra vez la han recuperado con la entrada pacifica y amistosa de los misioneros para darles el abrazo, tantas veces deseado por ellos (. .. )» Los años no pasan en vano. En 1987, el padre Adolfo se siente cansado y agotado porque las condiciones físicas de la selva han minado su cuerpo; y se ofrece para prestar sus servi– cios en otras casas de la Orden en Venezuela. En 1987 pasa a La Merced de Caracas como superior, y en 1990, también como superior, se traslada a El Convento de Maracaibo. Desde 1993 hasta 1996 vive en La Merced con una salud cada vez más deteriorada; por este motivo es enviado a la fra– ternidad de La Chiquinquirá en 2001. Algo se observó en esta etapa final de su vida desde que se retiró de la misión: así como antes abrió caminos, defendió posiciones, luchó, escribió ... , ahora entró en la vida oculta, silenciosa, dedicado sólo a los ministerios normales del sacerdo– te y a darle más tiempo a la oración. Era un eco permanente en sus últimos años el vita mutatur, non tollitur, que repetía con fre– cuencia al percibir que estaba cercana su partida. Murió en Caracas, el 9 de septiembre de 2004. Con la mis– ma sencillez con que vivió se extinguió su paso por este mundo, y así fue enterrado el cuerpo de este prócer del indigenismo y de la pastoral misionera. El padre Adolfo fue un regalo para las misiones de Vene– zuela. Cuando se haga la historia de los procesos que vivieron 358

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