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. ~ ·-,,,~ .• ...,:~ ~:r; Je,:ptii~ que anticlerical anacrónico. El autor era el doctor Lizarralde, un paraguayo perteneciente a la Comisión Indigenista que afir– maba haber tenido un contacto directo con los motilones tres días antes de la entrada de los capuchinos. Con sus afirmacio– nes gratuitas, sus argumentos sin sustentación y sus fines mera– mente ideológicos, parecía estar instalado en los tiempos de las «reducciones», ávido de desacreditar la labor de los misioneros. La voz del padre Adolfo se dejó oír para dejar su testamen– to literario hablando sin concesiones, sin amargura, pero con firmeza. Recuerdo algunos párrafos del que fue su último artículo en Venezuela Misionera (VM nº 533, p. 156-158), titulado: «Otro enfoque muy distinto»: «El contacto realizado por los misioneros fue muy útil al señor Lizarralde para continuar sus estudios e investigaciones profesionales en provecho propio. Los barí, muy poco tienen que agradecerle, según su testimonio (. .. )» «Ninguna comunidad siente nostalgia de la situación anterior en la que predominaban los miedos y los sobresaltos. Todos afirman haber recuperado la libertad con la presencia amiga de los misioneros. Con la paz les ha venido la libertad para traspasar las fronteras del propio territorio aún no invadido, y que conservan por Decreto Ministerial conseguido por los misioneros; y pueden recorrer libremente sus territo– rios antes invadidos hasta ubicarse en sus haciendas, antes territorios de su propiedad, injustamente ocupado por hacendados y colonos (. .. )» «Nada se ha introducido en las comunidades barí que no fuera aceptado por ellos mismos. La desaparición del bohío, que tan román– ticamente lamentan los articulistas, no ha tenido ninguna consecuen– cia lamentable en su identidad cultural, que evoluciona en un armóni– co progreso de madurez. Sólo una antropología colonialista lamenta el progreso lihrP. P. independiente de las sociedades (. .. )» 357

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