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Septiembre todo ello tuvo conocimiento la Santa Sede con motivo de su visi– ta ad limina, en 1959. Monseñor gozó de un gran prestigio en el seno de la Con– ferencia Episcopal Venezolana, a la que pertenecía por derecho propio. Los obispos asistían a sus tandas de ejercicios espiritua– les; le consultaban por su gran piedad, comprensión y fama de santidad, y escuchaban sus propuestas como un oráculo. En el aspecto material, tenemos una estadística de las infraestructuras levantadas durante sus treinta años de pontifi– cado: construcción de doce iglesias parroquiales; construcción de veintisiete capillas filiales; erección y construcción de cuatro centros misionales; incremento de las comunidades religiosas femeninas, que pasaron de cuatro a doce ... Evidentemente el esfuerzo que entrañan estas cifras fue obra de sus colaboradores, pero a él se debe la aprobación, el apoyo y el impulso de todas estas iniciativas, de cuyo resultado era el máximo responsable . Por sus esfuerzos en promover la cultura de los indígenas el Gobierno de Venezuela le condecoró con la «Orden de Francisco Miranda» y la «Orden del 27 de junio». También el Gobierno español le premió con la «Encomienda de Isabel la Católica» Fue un hombre de talla ascética, de porte digno y adornado con una sencilla y bien disimulada elegancia en sus gestos y comportamientos. Mostraba un carácter serio y exigente; pero al mismo tiempo tran– quilo, educado, afable y paternal. En un mundo nervioso y convencional, acostumbrado a abultar noticias para crear sensacionalismos, resultaba una sorpresa encontrar– se con este obispo de gestos profundos, de infinita mansedumbre y de máxima discreción. 344

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