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Septiembre Montehano, donde también cursó los estudios filosóficos por espacio de tres años. El 6 de junio de 1936, ya inminente el estallido de la Guerra Civil, recibió las órdenes ministeriales en León, donde también había estudiado las disciplinas teológicas y sagrada elocuencia desde 1932. Su primer destino, ya sacerdote, fue el convento de Mon– tehano como director del colegio de filosofía. Apenas un año permaneció en este cargo, ya que en 1939 es nombrado maes– tro de novicios, debiendo trasladarse a Bilbao, donde se encon– traba entonces la casa-noviciado. Nueve años en este cargo fue un tiempo suficiente para mostrar su recia espiritualidad y exi– gencia personal, que también trató de sembrar en el alma de los jóvenes aspirantes. Riguroso, serio, aparentemente implacable en sus exigencias como formador; pero al mismo tiempo com– placiente, asequible, comprensivo y hasta maternal para el trato y la convivencia ... Fueron años de firmeza, sumisión y fidelidad a lo que él interpretó como voluntad de Dios y requerimientos de la Iglesia. Cada cosa a su tiempo; nunca buscó razones para elaborar teorías de disociación entre la praxis de una espiritua– lidad responsable y su talante pletórico de humanidad. Durante el trienio de 1945 a 1948 desempeñó también el cargo de definidor provincial, volviendo de nuevo a Montehano como superior en 1948. Espoleado por su espíritu misionero renunció a la guardia– nía de Montehano para ir a ejercer los sagrados ministerios en la misión del Vicariato de Machiques; a él quedó incorporado el 5 de febrero de 1950, cuando apenas habían transcurrido seis años desde su erección. Un mes más tarde es nombrado su– perior del centro misional de Los Ángeles del Tucuco; y cuan- 336

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