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1 tro Caminos cuando todavía resonaba en sus oídos el eco navi– deño de los villancicos, en la Naviciad de 1996. Se había perdido, quizá por última vez, en la bella plastici– dad de sus belenes. ¿sería la enfermería el último taller de sus ilusiones? Murió en Madrid, el 26 de agosto de 2000 . Esta vez fue Dios quien le fabricó allí su nacimiento: con noventa y dos años de vida terrena, había nacido niño para estrenar la vida eterna. Con tesón, responsabilidad y la fuerza que emana de una fecunda vida interior, noventa y dos años dan para mucho. El padre Abel realizó toda clase de actividades: profesor en El Pardo, maestro de novicios, responsaLle en el gobierno de varias fraternidades, predicador, confesor de religiosas, propul– sor de la vida espiritual entre grupos de familias cristianas ... Siempre consecuente y ejemplar testigo de su talante sacerdotal y franciscano. Muchas veces los rasgos de las personas se conforman en detalles nimios, en pequeñas cosas, en riquezas naturales muy peculiares que las definen. Personalidad muy sensible a la belle– za y al arte, cultivó como hobby la composición poética, y llegó a ser un artista en la confección de «belenes miniatura». En este campo, fue pionero en España de la técnica de los «dioramas», unas composiciones panorámicas tridimensionales con efectos ópticos más reales que los inventados por el físico recreativo Daguerre en 1822 . En los concursos públicos, el premio a sus trabajos estaba garantizado. Como reconocimiento a su autoridad en esta ma– teria fue nombrado, en numerosas ocasiones, vocal del jurado para la asignación de galardones en la Feria de Muestras de Bil– bao. En octubre de 1968 asistió en Madrid al Congreso lnter- 329
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