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Agosto Bilbao. Casi todos ellos reflejaban en la fisonomía de sus rostros las tragedias de la contienda militar: su vida en las cárceles o en los campos de concentración; o «camuflados» de intérpretes en las embajadas, de estudiantes <l~ la FUE, de catedráticos o de pícaros milicianos que, con pico y pala, simularon ser auténti– cos trabajadores de algún batallón disciplinario ... Terminada la guardianía en El Pardo, en 1948, fue destina– do al convento de Bilbao como vicario y maestro de novicios, hasta 1951. A partir de esta fecha, los conventos de Valladolid, Montehano, Bilbao y Santander fueron las estaciones donde ejerció su ministerio sacerdotal. Casi siempre por el Norte, divi– sando los mares de su patria chica y alternando las percepcio– nes ambientales originadas por las estridencias metálicas de los pilones de Euskalduna, la paz eremítica de Montehano o el vocear de las sirenas en el puerto de Santander. Y también, algunos años, asomándose a los anchos campos de Castilla. Tres veces estuvo destinado en Bilbao, donde fue vicario de la frater– nidad y maestro de novicios, consiliario del Movimiento Fa– miliar Cristiano y miembro de la Asociación de Belenistas; en dos ocasiones pasó por el convento de Montehano, donde fue guardián y asistió como capellán a los presos de la cárcel de Santoña; y otras dos veces, durante varios trienios, estuvo com– partiendo su vida y su trabajo con los religiosos de Santander, donde desempeñó también el cargo de guardián. . .. Et si validi sumus, octoginta... Son los años hábiles de vida que, en condiciones normales, se preconizan para el hombre. Y esto, con buena suerte. El padre Abel había conseguido esta edad sin especiales sobresaltos y caminaba hacia los noventa, que consiguió supe– rar. Con perceptibles achaques recaló en la enfermería de Cua- 328
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