BCCCAP00000000000000000000710
¡ 1 /1" ;, :Ai'6 1 st~ .,;.. ·r¡ J " •· "" ···· -,., . . - tes deportados y los religiosos trasladados a Madrid bajo ame– nazas de muerte. El padre Abel comenzó su epopeya «atado» materialmente al brazo del padre Avelino de Cedillo, camino de la Dirección General de Seguridad y contemplando, duran– te el trayecto, el macabro espectáculo de camiones llenos de cadáveres circulando por las calles de Madrid. Allí comenzó la dispersión, debiendo cada uno afrontar su propio calvario durante tres años: de algunos no se volvieron a tener noticias; otros fueron martirizados; a otros, como al padre Abel, les tocó la «suerte» de vivir confinados en las checas o sometidos a trabajos forzados en los campos de concentra– ción ... Él fue de los agraciados que consiguió terminar con vida este agrio e11L1emés de la historia. En abril de 1939 se encontraba ya reaparecido en El Pardo, donde reanudó sus tareas educativas con casi todos los profeso– res que, tres años antes, habían sido expulsados del seminario. Grande fue el regocijo que compartió con sus compañeros y con los seráficos de El Pardo el 24 de octubre de 1940, cuando sonó la campana de la portería anunciando la llegada de los estudiantes de Bilbao, donde había sido acogido el núcleo prin– cipal del aspirantado durante los años de la guerra. En el pueblo había animación. El Ayuntamiento se había comprometido para hacerles un gran recibimiento y los habi– tantes de la localidad habían aceptado corresponder a la invita– ción aportando el óbolo de su presencia para la fiesta. .. Los niños se saludaban amigablemente y compartían un animado diálogo con la gente que les acompañaba subiendo la cuesta del santuario. El Seminario Seráfico de Castilla quedaba nuevamente organizado con todos los alumnos juntos y un equipo de quin– ce profesores, entre los cuales se encontrab,1 el padre Abel de 327
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz