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Agosto teniendo en cuenta las recomendaciones de los médicos para no implicarse en cargos de responsabilidad, expuso la situación a los superiores que decidieron aparcar esta decisión. También en León, y durante casi veinte años, tuvo a su cargo la atención espiritual a la congregación de la Divina Pastora, formada por empleadas del hogar. Procuró que tuvieran un sitio agradable para reunirse, para comentar sus preocupacio– nes laborales, para fomentar la convivencia y ayuda mutua, tanto en los aspectos materiales como en los lúdicos y de sano esparcimiento. En 1985 fue destinado temporalmente a la fraternidad de El Pardo para recuperarse de algunas dolencias; y en 1987, bas– tante restablecido, se trasladó a Gijón. Allí continuó dedicado a la predicación siempre que sus condiciones físicas lo permitían. En esta época sus viajes a Madrid se fueron haciendo cada vez más frecuentes para visitas médicas y tratamientos antide– presivos. En 1990 recibió la obediencia para trasladarse al convento de Cuatro Caminos, donde su actividad apostólica se fue haciendo cada vez más reducida. Con altibajos en su salud; entre visitas a los médicos y diversos tratamientos, la carrera veloz de su deterioro físico y anímico parecía irreversible. Sus esperanzas de recuperación se difuminaron al sufrir un grave percance en mayo de 1995: una caída le ocasionó rotura de cadera, motivando que, desde ese momento, su vida permane– ciera ligada a una silla de ruedas. Desde 1996 quedó incardinado definitivamente a la enfer– mería provincial, dependiendo de los otros y necesitando cada vez más su ayuda. El estado general presentaba un cuadro de auténtico hombre doliente: un fuerte deterioro físico, bronqui– tis aguda, ciática, hipertensión .. . Esto motivó que su cruz per- 310
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