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Agosto curso de elocuencia y pastoral. En julio de 1952 fue nombrado director de la Casa de Ejercicios allí establecida, y continuó resi– diendo en San Antonio hasta agosto de 1955. Aquí dio sus pri– meros pasos en uno de los apostolados que continuaría duran– te casi toda su vida y que, en cierto modo, era el que más le satisfacía y colmaba sus ilusiones: la predicación de triduos, novenas, ejercicios espirituales y misiones populares. Poco tiempo pudo disfrutar en este camino que tan gozosa– mente había comenzado. Agosto de 1955 le trajo un cambio brusco en su actividad ministerial y también algo de frustración de sus ideales: destinado al Seminario Seráfico de El Pardo como profesor y vicedirector, hubo de aparcar parcialmente sus anhelos de predicador para emplear el tiempo en los meneste– res educacionales . En 1957 fue nombrado director del seminario; y esto, si cabe, limitó aún más su consagración a otras ocupaciones que no fueran las vinculadas al desempeño de dicho cargo. Mucho trabajó el hermano Luis durante los años dedicados a los seminaristas, que debieron suponer para él una eternidad. Parece que la ciencia no emana siempre de los títulos académi– cos; también la experiencia es «maestra de la vida». Y esta expe– riencia al frente del seminario, que era el eje central de todo lo relacionado con la promoción vocacional, le capacitó para que los superiores le encomendasen una nueva responsabilidad: presidir el Consejo Provincial de Vocaciones desde 1957 a 1960. El nombramiento este mismo año para el cargo de guardián de El Pardo supuso para él un alivio en sus ocupaciones educa– tivas, pero no en su trabajo: una comunidad numerosa con veintidós sacerdotes, diez hermanos no clérigos y tres hermanos postulantes, amén de los seminaristas, implicaba muchos desve– los, muchas inquietudes y mucha responsabilidad. 308
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