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· r. •, r 1 ,-. J\gP&íO ,.... ····· , . hábito, le contestó: Soy hijo del Cuerpo. (Así se llamaba a los hijos de estos militares). También conservó durante muchos años una de las armas que habían pertenecido a su padre. Lógicamente, no fue utilizada por él en ningún «acto de servicio», pero sí en «la caza» semifurtiva de alguna pieza montaraz que se colaba «sin permiso» en la huerta de El Pardo. Su familia mantenía una buena relación con los religiosos del convento de León; y este contacto le facilitó el conocimien– to de los capuchinos, que siempre han gozado de gran aprecio entre los habitantes de la ciudad. Esta relación se fue incremen– tando a partir de los quince años con una presencia más activa en el convento, a cuya iglesia de San Francisco acudía para pres– tar sus sen,icios como mon;:ignillo en las celebraciones litúrgi– cas. Poco apoco se fue perfilando su vocación hacia el sacerdo– cio y la vida religiosa. Manifestó sus deseos a los superiores que, ya con diecinue– ve años de edad, le enviaron gustosos al convento de Monteha– no para comenzar un tiempo de postulantado. Por haber estu– diado el bachillerato fuera de la Orden, carecía de los conoci– mientos elementales de la lengua latina; y allí se vio obligado a realizar estudios intensivos de esta materia para ponerse al nivel de sus compañeros y poder continuar los estudios de la carrera sacerdotal. Con el nombre de fray Querubín de León comenzó el novi– ciado en Bilbao, el 19 de agosto de 1943, haciendo la primera profesión el 20 de agosto de 1944 también en Bilbao. Iniciados los estudios filosóficos en su ciudad natal, prosi– guió la carrera eclesiástica con los estudios de teología; hacien– do la profesión perpetua el 20 de agosto de 1947 y recibiendo las órdenes sagradas el 23 de diciembre de 1950. Poco tiempo después de ordenado sacerdote fue enviado al convento de San Antonio de Cuatro Caminos para realizar el 307

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