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Agosto 1976 su nuevo destino será Valencia donde, durante tres trie– nios, desempeñó el cargo de superior. Integrado en el Secreta– riado Diocesano, atendió a la comunidad cubana de esta ciu– dad; se hizo cargo de la OFS; asistió a los enfermos e impartió clases en la escuela estatal. En Barquisimeto quedó firmado el último capítulo de su vida. Habían transcurrido once años cuando regresó de nuevo a esta ciudad con una salud muy debilitada, cuyas consecuen– cias se dejaban entrever: aquel espíritu inquieto que le había lanzado a tantas iniciativas ya no era una gala para él. Lenta– mente, pero sin pausa, fue quebrándose su salud hasta hacerse necesario el cuidado de su persona. Providencialmente, siem– pre se encontraron personas generosas y bien dispuestas para prestarle sus atenciones. Llegó un momento en que se hizo perentorio el traslado a la clínica. Su corazón comenzó a fallar mientras se realizaban análisis de emergencia; concluyendo su tránsito por este mundo el 5 de agosto de 1996. Habían pasado sesenta y ocho años desde que, en el mismo día y mes de 1928, había vestido por vez primera el hábito capuchino. Los trabajos apostólicos llevados a cabo por Isaac de la Var– ga (predicación, ministerios parroquiales ordinarios, etc.) se vie– ron complementados con algunas aportaciones muy específicas, fruto algunas de su personal iniciativa, como la fundación de varias hermandades y asociaciones religiosas. Es el caso de la Hermandad de Ferroviarios, Sirvientas de la Divina Pastora y otras ya indicadas anteriormente. Sobre todo mantuvo una predilección singular por todo lo relacionado con la Orden Franciscana Seglar. Otra nota típica fue su afición a la comunicación epistolar. Eran llamativos la recepción y el envío de correspondencia dia– ria, manteniendo esta fidelidad hasta los postreros días de su 296

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