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Agosto En 1944 quedó adscrito a la nueva fundación de Valladolid, empleando su tiempo en la predicación popular. Fue breve su estancia en la capital del Pisuerga pues, en noviembre de este mismo año, hubo de trasladarse a la residencia <l~ Manzanares con el fin de colaborar en la parroquia de esta ciudad manche– ga, que también estaba encomendada a los capuchinos. Su inquieta juventud y ánimo juvenil le dieron alas para implicar– se en la fundación de la Hermandad Ferroviaria. En 1947 pasó varios meses en Jesús de Medinaceli dedicado a la predicación de novenas, misiones y ejercicios espirituales. La nueva fundación de San Antonio de Cuatro Caminos llevó a los superiores a considerar la conveniencia de su traslado a esta fraternidad, circunstancia que él supo aprovechar para estable– cer la Pía Unión de San Antonio y la Juventud Antoniana. Fueron tres comunidades nuevas erigidas en pocos años (Valla– dolid, Manzanares y San Antonio), que contaron para su arran– que inicial con la juventud entusiasta del entonces padre Ole– gario de Cifuentes. En 1948 fue enviado por segunda vez a Valladolid, donde continuó inmerso en la predicación de ejercicios a religiosas, novenas y misiones populares. Tampoco aquí prescindió de sus iniciativas de «fundador»: creó la Escuela Dominical y fundó la congregación de «Sirvientas de la Divina Pastora», que adquirió un auge notable en Valladolid y en otras iglesias de nuestros conventos. (Todavía se recuerda, por ejemplo, el lleno total de congregantes en las misas de «las chachas» celebradas en el espacioso templo de San Francisco, en León). En 1950 regresó a San Antonio de Cuatro Caminos con la tarea de promotor y reclutador de vocaciones para el Seminario Seráfico de El Pardo. Para ello recorrió muchos kilómetros «en moto», visitando innumerables pueblos de Extremadura, Casti– lla y León para cumplir la misión encomendada. Su don de 294
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