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Las últimas estaciones misionales testigos de su labor apos– tólica en Venezuela fueron San José de Perijá y Sinamaica, en las que permaneció durante el año 1977 y parte de 1978. Habían pasado sus treinta y cuatro años de misionero y le llegó un casi forzoso regreso a España marcado por la enfermedad. Su inmediato y único destino fue el convento de San Anto– nio de Cuatro Caminos. Hasta 1980 no se encontró capacitado para implicarse en trabajos pastorales, celebrando incluso la misa diaria en la capilla de la enfermería. A partir de esta fecha, y muy limitado por sus carencias físicas, sacó fuerzas de la debi– lidad y tomó la dirección del Club de Ancianos. En 1985 fue operado de cataratas, quedando, desde este meme... ~ , eximido de la asistencia a todos los actos de comuni– dad Df"srlf" 199.>í <]_llf"rló incorporado de manera definitiva a la enfermería provincial. Visiblemente deteriorado por las enfermedades y la excesi– va ingesta de medicamentos, hubo de ser internado en el hos– pital de La Paz, prosiguiendo su doloroso vía crucis por diver– sas clínicas madrileñas. El 9 de julio fue urgentemente intervenido a causa de una obstrucción intestinal, sin esperanzas de recuperación. Falleció el día 22 de julio de 1998; y su cuerpo, ya libre de sufrimientos, fue trasladado a la Sacramental de San Isidro, en Madrid. Desgraciadamente, el gozo de trabajar en primera línea por la causa de Cristo quedó parcialmente truncado por los sinsa– bores inherentes a su disminuido estado de salud. Parece que todas las dolencias que impiden a un hombre trabajar con ilu– sión se hicieron presentes en su cuerpo: sinusitis crónica, dolo– res de cabeza persistentes, mala circulación, próstata, cataratas, ulceraciones varicosas en las piernas ... Muchas cruces difíciles de soportar e incompatibles con el duro trabajo de misionero 287

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