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de todo mérito fue aquí, y en otros lugares de la misión, la co– laboración incondicional de las religiosas «Lauritas», no sólo en las escuelas, sino en todo tipo de realizaciones sociales. (Se trata de una congregación de derecho pontificio fundada por Laura Montoya Upegui, el 14 de mayo de 1914 en Dabeiba «región montañosa», naodas en la inserción entre los indígenas katios. Tienen presencia en Venezuela desde 1949 y trabajan con los indios yucpas, bari, guajiros y otras etnias diseminadas por varias demarcaciones). En febrero de 1951 fue destinado a la misión de Guarero, en la Guagija; atendiendo también a Paraguaipoa, a la finca de Guana y a diversos caseríos. Su misión no quedó ceñida única– mentf' ;i l;i ;itención espiritual, la necesidad le obligó también a edificar una capilla y dos casas destinadas a albergar a los misio– neros en tránsito y para depósito de las provisiones . El suminis– tro de medicinas y comida para los indígenas fue otra de las urgencias ineludibles que hubo de solucionar. Ya en este tiempo se hicieron presentes las secuelas de una sinusitis aguda que condicionaría su actividad durante el resto de su vida. Tras haber disfrutado de una temporada de vacaciones en España en 1954, fue trasladado a Sinamaica, debiendo atender también a la parroquia de Paraguaipoa, erigida en 1955 al des– membrarse de la de Guarero. El mes de julio de 1956 modificó el estado del hermano Pablo con su destino a Casigua-El Pozo, un campo petrolero muy marcado por la compañía que lo explotaba. Además de las tres iglesias existentes, se encontró con una labor añadida, debiendo impartir la catequesis en las escuelas y sintiéndose muy esclavizado por la pertinaz sinusitis que padecía, de la cual hubo de ser operado en Bogotá el año 1959. Al parecer, con la 285
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