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Julio temente ágil para no necesitar ayuda en sus movimientos y cui– dados personales. Pero la ancianidad es una época de la vida propicia para muchos sobresaltos. El 4 de julio de 1997 se desplazó a Madrid con el tin de asis– tir al enlace matrimonial de una sobrina. Antes de unirse con sus familiares quiso hacer algunas gestiones en la tienda en que solía comprar la tela para confeccionar los hábitos de los reli– giosos; pero un accidente inesperado truncó todas sus ilusiones y proyectos: en la calle de Alfonso XII, no lejos del convento de Medinaceli, fue atropellado por una furgoneta. Sin demora fue trasladado a la clínica de La Concepción, desde la cual, cuatro horas más tarde, comunicaban al padre provincial su falleci– miento. El 6 de julio se celebraron sus funerales en la iglesia de Jesús de Medinaceli y su cuerpo fue enterrado en la cripta de los capuchinos que se encuentra en la Sacramental de San Isidro. Ya hemos indicado que el hermano Santiago trabajó en nuestras fraternidades «en todo y para todos .» Tuvo dos oficios en los que dejó su impronta de una manera muy especial por su dedicación y forma de trabajar: sastre y limosnero. Pocos serán los conventos en los que exista algún religioso que no conserve un hábito o manto confeccionados o arreglados en su sastrería, máxime en los últimos años, en que estas prendas religiosas no se fabrican en serie como antaño y se conservan con esmero para señaladas ocasiones. Los frailes de Salamanca, Usera, Jesús de Medinaceli, Cuatro Caminos .. ., fueron testigos de las muchas horas que pasó ante la máquina de coser, pues era con– siderado como «el sastre de la Provincia». La semana antes de su fallecimiento había pasado por León con el fin de hacer a medida el hábito para un religioso. También su estancia en La 270

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