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Julio Veinte años permaneció en su pueblo natal desempeñando los trabajos propios del campo: cuidado del ganado, corte y acarreo de la hierba, siembra de cereales, recolección ... Los atisbos de vocación religiosa se vieron motivados y alen– tados por la presencia de su tío materno fray Aurelio de Ocejo, religioso capuchino perteneciente a una familia de trece herma– nos, que fue asesinado en la carretera de Extrcmadura (Madrid), el 17 de agosto de 1936, por el único motivo de «ser fraile». En agosto de 1929 inició su andadura religiosa como postu– lante en el convento de León. Comenzó el noviciado en Bilbao, el 15 de agosto de 1930, y emitió la primera profesión, también en Bilbao, el 13 de sep– tiembre de 1931. En Salamanca profesó de votos perpetuos, el 18 de diciembre de 1935. El nombre religioso de fray Teodoro de Ocejo, impuesto al tomar el hábito capuchino, lo conservó durante más de treinta años. Poco después de concluido el año de noviciado fue destina– do al convento de El Pardo, donde apenas pudo realizar ningún trabajo al verse afectado por la enfermedad de la tuberculosis, que le obligó a permanecer en reposo casi absoluto. (También otros religiosos se encontraban padeciendo la misma enferme– dad). Aquí permaneció hasta el Capítulo de 1934 en que fue tras– ladado a Salamanca. Fue suficiente un año para que el cambio de ambiente le proporcionase una notable mejoría en su enfer– medad. En el Capítulo provincial de 1954 fue destinado al colegio de filosofía de Santa Marta y, en las Tablas capitulares de 1957, aparece adscrito al convento de León. Sin embargo, desde 1934 hasta 1961, su residencia casi habitual fue el convento salman- 268

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