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Julio tó de que tenía en sus manos un influyente medio para desper– tar la religiosidad en la comunidad criolla. Por eso comenzó a trabajar entre los cursillistas con especial cariño, pero sin des– cuidar las demás obligaciones parroquial<".s como la atención semanal a los caseríos, las capellanías, el adoctrinamiento per– sonalizado a las parejas de novios que se preparaban para el matrimonio ... Todavía perdura el despertar religioso de aquellos años en los grupos de cristianos integrados en los movimientos apostó– licos, que trataron de ser un fermento espiritual en la ciudad de Tucupita. Un paréntesis en su estancia, donación y entrega al aposto– lado en la capital del vicariato lo marca el trienio comprendido entre 1990 y 1993. Elegido consejero por el área de esta demar– cación en el Capítulo de la Viceprovincia, fue trasladado a La Merced de Caracas, aunque en realidad su destino inicial fue La Pastora, como superior y director del filosofado . Fue un cambio bastante traumático para su vida y sus costumbres, al tener que modificar la estructuración del apostolado por la dedicación, poco grata para él, a la formación académica de los estudiantes. Siempre añoró a su ciudad de Tucupita, adonde tuvo la suerte de regresar en 1993 como párroco y superior para entre– garse nuevamente con ilusión los trabajos pastorales. Juan Alonso se enfrascó en el apostolado, tanto en la ciudad como en los caseríos, mediante la creación de grupos de pasto– ral y la programación de proyectos caritativos y sociales . .. Mucho tiempo dedicado a los demás con voluntarioso pero, mirado humanamente, despreocupado abandono de sí mismo: comía poco, dormía poco, trabajaba a deshora, en momentos en los que naturalmente el cuerpo pide descanso. No era en él infrecuente tratar de disimular el insomnio prolongando una 262

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