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Tras una breve estancia en Guayo para tomar contacto con las características de la misión de Tucupita, fue destinado en 1970 al centro misional de Araguaimujo, donde permanecería más de nueve años desempeñando los cargos de superior, párroco y consejero. Estos primeros años pasados en Araguaimujo fueron una época de asimilación cultural durante la cual trató de aprender el idioma guarao y conocer en profundidad el alma de los indí– genas. Con la base de este esfuerzo personal sería más fácil transmitirles la fe del Evangelio y trabajar en su promoción social. Resulta interesante constatar, para alabanza de nuestro her– mano, que <lu1 ante este tiempo se obtuvieron las mayores cose– chas de maíz en las comnni<lades indígenas cercanas a la mi– sión; y todo ello gracias a la animación, el estímulo y la ayuda crediticia controlada y supervisada por el hermano Juan Alonso. Inseparable de esta labor de promoción social con los indí– genas adultos de las rancherías estaba su trabajo diario con los muchachos del intern:::100, r1 quienes trataba de inculcar unos valores humanos, sociales, morales y religiosos de los que care– cían en su propio ambiente familiar. Después de muchos años pudo constatar con orgullo que su esfuerzo no había resultado infructuoso: prácticamente todos los líderes de las comunidades indígenas habían pasado por el internado. Lamentablemente, y por imperativos ajenos a su voluntad, el centro hubo de ser clausurado durante los últimos años de su estancia en Araguaimujo. En el año 1979 es destinado a Tucupita, iniciando una nueva etapa de su vidr1 al servicio de la comunidad criolla. En el mes de abril se celebra el primer Cursillo de Cristiandad, al que asiste en calidad de asesor espiritual. Muy pronto se perca- 261
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