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El hermano Ángel Valladares honra la lista de misioneros beneméritos de la Provincia de Castilla. Sin olvidar, por descar– tado, su labor espiritual como predicador del Evangelio y sus cargos en los centros misionales, Ángel fue «un todo terreno» metido en obras materiales. Viajó por los campos venezolanos buscando material para sus edificaciones: un trozo de tractor abandonado, un chasis de jeep, muebles viejos, componentes eléctricos, cemento, piedras, utensilios de albañilería ..., todo lo inservible por viejo o deteriorado era para él un tesoro para construir un edificio, montar una turbina, levantar un tendido eléctrico o construir un embalse para el servicio de la misión. A veces la necesidad, como el hambre, despierta de tal manera nuestra inteligencia que nos convierte en genios y nos hace inventar los más insospechados artilugios para la subsistencia. Ángel, por necesidad, se convirtió en un pequeño genio. Toda la vida y trayectoria de este hermano la podemos resu– mir en la palabra «misionero»; un misionero que entregó lo mejor de su tiempo y de su vida a la promoción religiosa, huma– na y material de los indígenas . Muchos centros misionales lle– van la impronta del hermano Valladares, por sus excelentes cua– lidades para dirigir y planificar obras. Entre los misioneros de Venezuela y los propios indígenas ha dejado una profunda hue– lla de gratitud y de admiración. Casi disfrazado de poesía, su amigo y compañero Román Paraja nos hace un retrato de Ángel Valladares con estas pala– bras: «Nunca una palabra más alta que otra. Nunca un comentario des– favorable para los otros misioneros. Nunca unas laudes al ego. Inmutable como Buda, paciente como Séneca y tan sabio como él. Sencillo hasta la simplicidad, y por eso imponente ... 255

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