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-- - -- ----------- Julio de las ya comenzadas, como el embalse y la turbina para la generación de energía eléctrica. Pudo concluir la construcción de una «tejera», proyecto que se realizó, pero nunca llegó a fun– nonar. Por mucho que nos cuidemos en alargar el tiempo útil de nuestra maquinaria humana, ella tiene también sus kilómetros marcados: aparecen las averías, se multiplican los arreglos ... , hasta que deja de funcionar. La actividad y entrega del herma– no Ángel a las trabajosas tareas misionales se hicieron notar en su salud, motivando su regreso a España en el verano de 1986. Pasado un año de estancia en el convento de Santander, fue destinado a Montehano en julio de 1987, ejerciendo allí su apostolado mediante la prestación de ayudas en los trabajos pastorales. En los últimos años la falta de riego sanguíneo se iba hacien– do cada vez más patente y la memoria comenzaba a vacilar. Alucinaba al escuchar las palabras «Kavanayén» o «Kamarata», que le hacían revivir una estancia ilusoria en aquellas tierras en las que había pasado cuarenta y cuatro años . No padecía ningu– na enfermedad definida, pero su estado físico general sí acusa– ba una decadencia progresiva. El 27 de junio de 1995 fue ingresado por prescripción facul– tativa en el hospital de Laredo, con el fin de practicarle un reco– nocimiento general; pero únicamente se le detectó una anemia muy acusada. El día 1 de julio le sobrevino un derrame cerebral irreversible que le causó la muerte. Sus restos fueron traslada– dos al cementerio conventual de Montehano, tras recibir el homenaje de numerosos párrocos de los pueblos vecinos, reli– giosas, religiosos de varios conventos y fieles, que conservan el recuerdo de su bondad, simpatía y espíritu de servicio. 254
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