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Junio visitar a las religiosas capuchinas y escucharlas en confesión. Todas quedaron encantadas de sus atenciones y él muy satisfe– cho de haberlas prestado este servicio caritativo. De regreso a Madrid, venía comentando con su compañero el gozo espiritual que sentía por la buena obra realizada a las religiosas; pero, en un momento determinado, éste observó que no contestaba a su conversación. ¿Estaría dormido? De verdad estaba dormido, pero para siempre. Sin previo aviso, sin ningu– na manifestación externa, le había visitado la hermana muerte a causa de un inesperado fallo cardíaco. Era la misma víspera de la celebración del Capítulo provincial. Sus restos descansan en la Sacramental de San Isidro de Madrid. El hermano Abilio ha sido un hombre optimista y efectivo en sus tra– bajos. Estaba dotado de buen carácter y resultaba complaciente y servi– cial, siempre presto a echar una mano donde fuera necesario. Amable y atento con los religiosos, contribuía con sus aportaciones literarias y «vestido de domingo» como si estuviera en una fiesta, a la celebración de efemérides, onomástico de los religiosos o celebraciones extraordinarias dentro de la fraternidad. BIBLIOGRAFÍA: AP fol. 449; BOP 5 (1948) 13 ; VM 272 (1961) 320; Pacífico 244; Vegamián 764 767 774 858; Franciscanos Capuchinos en Venezuela 36 38. 246
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