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fl Catia la Mar y en diversas capillas del litoral como Mare Bajo, Puerto Viejo, Weekend ... En 1957 se puso en marcha la residencia y colegio de los capuchinos, donde, al lado de su compañero Fermín Álvarez (padre Gonzalo de Calzadilla), desarrolló una labor inconmen– surable en lo referente a la administración de los sacramentos, la enseñanza del catecismo y la predicación. A todo ello se sumó el cargo de capellán en el Leprocomio de Cabo Blanco. Como homenaje a su labor cristiana a favor de los enfermos, la Junta de Leprosos de Venezuela le concedió una condecora– ción con diploma y medalla en 1965. Por el año 1987 fue destinado a Ciudad Ilolíva1~ donde tra– bajó por espacio de dos trienios; en el siguiente quedó «a dis– posición del padre viceprovincial» y, el año 1996, ftjó su resi– dencia en Mérida. Aquí se escribiría el último capítulo de su vida en tierras venezolanas, hasta su regreso a España. Poco tiempo le faltaba para convertirse en nonagenario cuando retornó a la madre patria por motivos de edad y de salud. Su corazón estaba resentido y aquejado por la debilidad de los años; y por esta razón tomó como residencia el convento de Cuatro Caminos, en cuya enfermería confiaba tener una buena asistencia y atención a sus dolencias. No obstante, el tratamien– to médico que se le había aplicado resultó insuficiente para per– mitirle su integración en la vida normal de la fraternidad. En algunas ocasiones salía del convento para dar un paseo por la ciudad, acompañado de algún joven catequista que voluntariamente se ofrecía para acompañarle . En vísperas de celebrarse el Capítulo provincial de 2002 marchó a la localidad de Pinto con el hermano enfermero para 245

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