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noviembre de 1935. Recibió la ordenación sacerdotal en As– torga, el 31 de octubre de 1937. La terminación de la carrera eclesiástica y los primeros años de sacerdocio se encuentran enmarcados dentro del período de la Guerra Civil; por este motivo se vio obligado a prestar sus servicios en calidad de capellán militar, como consta en las Tablas capitulares de 1939. En 1942 se encontraba ya reintegra– do en la fraternidad de León. Durante los siete años posteriores, su vida religiosa transcu– rrió en varias fraternidades: en 1942 fue destinado a Jesús de Medinaceli (Madrid); en 1945 fue trasladado a la casa de Ribadeo; y en el Capítulo de 1948 se le asignó el convento de Bilbao desde donde pasó, poco tiempo después, a Montehano. Allí estuvo encargado de la atención pastoral a la parroquia de Cicero. El hermano Abilio llegó al Vicariato Apostólico de Machi– ques (Venezuela) el 15 de marzo de 1949; y ftjó su residencia en Los Ángeles del Tucuco, donde los misioneros habían abierto un centro misional entre los indios yucpas hacía cuatro años. Allí le tocó vivir sus primeras experiencias en tierras venezola– nas que, por cierto, no le resultaron demasiado agradables: apenas habían transcurrido dos meses de su llegada cuando recibieron una visita nocturna de los motilones que dispararon sus flechas contra las puertas del almacén, la cocina y el baño de la residencia, con ánimo de robar. Con el susto correspon– diente y una persecución acompañada de tiros al aire para pro– vocar su huida, quedó resuelta la cuestión. El 4 de julio, Mons. Ángel Turrado le nombró superior de la misión. Y con el cargo le vino también la carga de colaborar en la construcción de los edificios, la promoción de la agricul– tura y la ampliación de la ganadería. 243

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