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Araguaimujo; y se consolidó con el fin de que no se perdiera el fruto conseguido durante el tiempo de su formación. Era una tarea comprometida, pues solamente había dos misioneros y el hermano Francisco desconocía la lengua warao, único lenguaje que se hablaba en la región. Comprendió que allí se encontra– ba descolocado y, aprovechando sus vacaciones en España, deci– dió quedarse en la madre patria. Era el año 1973. El 24 de abril se incorporó al convento de Bilbao, pasando, en sólo cinco años, por Montehano, Salamanca y Sagrado Cora– zón de Usera (Madrid). iDemasiadas estancias para tan poco tiempo! J .a añoranza de sus veinticinco años de misionero le impul– saron a viajar por segunda vez a Venezuela en 1979; permane– ciendo en Caracas hasta que, en 1985, fue reclamado de España para atender a la enfermería provincial de San Antonio de Cuatro Caminos. En Madrid volvió a sentirse feliz cuidando día y noche a los enfermos; y lo hizo con aquel mismo espíritu de servicialidad de que había hecho gala cuando recibía a los cansados misione– ros que transitaban por el centro misional de Tucupita. Pensó incluso en la posibilidad de realizar algunos estudios de enfermería, con el fin de cumplir su cometido con mayor garantía y profesionalidad. En el Capítulo de 1990 fue destinado al convento de Vigo, pero pronto el que había sido un solícito enfermero, cambió su suerte por la de un enfermo necesitado de los demás; ya que, pasados algunos años, debió regresar a la enfermería para con– trolar la esclerosis que se estaba adueñando de su cuerpo. Su último destino capitular fue el convento de Montehano que, como eu el caso de Vigo, tampoco pudo llevar a cabo ínte- 237
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