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Junio Guayo (1962), Tucupita (1963) y, finalmente, Guayo y Nabasanuca (1971). Aquí permaneció hasta 1973, siendo uno de los primeros religiosos que trabajó en este centro misional. Upata y Tucupita sellan la actividad de Francisco Eguidazu en esta primera estancia en tierras venezolanas. Upata era entonces la casa central de la misión del Caroní, y Tucupita era la puerta de entrada y salida de la misión, adon– de llegaban constantemente los misioneros de tierra adentro para buscar suministros o reponer sus fuerzas: todos eran aten– didos por él con afabilidad, tratando de aliviar su cansancio con un refresco pícaramente contaminado de «malicia» venezolana (así llamaban al ron) y endulzando su paladar con las viejas artes de repostería que había practicado en su juventud. Como consta en el apartado de actividades y cargos que controla el Archivo Provincial, su oficio era «todos los meneste– res». En España había sido limosnero y cocinero; en Venezuela era necesario multiplicarse y trabajar en todo: cocinero, porte– ro, sacristán, catequista, hospedero .. . A veces las múltiples tare– as le obligaban a ingeniarse para desempeñar varias a la vez. En la cocina de Tucupita tenía instalado un altavoz que le permitía seguir el curso de las celebraciones litúrgicas: cuando llegaba el momento oportuno se desplazaba a la sacristía y, con el micró– fono en la mano, hacía posible que los feligreses pudieran escu– char los cánticos o las moniciones del «invisible» maestro de ceremonias. Concluida la tarea, nuevamente a la cocina. De ver– dad, «Dios andaba entre los pucheros». En 1971 se reorganizó la misión del Delta y se abrió un nuevo centro en Nabasanuca, al que fue destinado. Esta estación se localizó en una ranchería compuesta por matrimonios salidos, casi en su totalidad, del internado de 236

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