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Abril la «petanca», algunos programas deportivos transmitidos por televisión (era un incondicional defensor del Real Madrid), y las esporádicas recreaciones con los religiosos, le eran suficientes para mantener el tono de su vida y el ritmo de su trabajo. Su talla menuda, su andar ágil, los gruesos cristales de sus gafas y su conversación entrecortada haciéndose fuerte ante una deficiencia en la dicción, le daban un aire inconfundible. Poseía un carácter respetuoso y amable con los religiosos y todas aquellas personas que se acercaban a la ventanilla de su oficina, que se despedían llevando un grato recuerdo de sus atenciones. Manifestó una piedad sencilla y una sincera devoción a la Virgen mediante el rezo diario, en público o en privado, del santo rosario. Fue un enamorado de su patria chica, cuyas aguas «aparecen sin saber de dónde vienen y desaparecen sin saberse adónde van". BIBLIOGRAFÍA: AP fol. 505; ACJesús de Medinaceli (abril 2001); El Mensajero Seráfico (2001) 155-156. 156
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