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Durante su permanencia en el convento de El Pardo publicó un opúsculo sobre la historia del Stmo. Cristo, que, a manera de re– cuerdo, es todavía adquirido por los numerosos fieles y turistas que visitan nuestra iglesia. El P.José Antonio estaba dotado con un carácter alegre,jovial y expan– sivo, con el que se ganaba fácilmente el aprecio de las gentes y la confianza de los niños. Sin embargo, suforma un tanto «independiente» de vivir la realidad de la vida conventual y su talante, dominado por algunos atisbos de «despreo– cupación», no siemprefueron bien mirados por los religiosos, dando ocasión a que los superiores se vieran, con frecuencia, forzados a mantenerle en «continuo movimiento» por los conventos de nuestra Provincia. Fue, por otra parte, un religioso sincero, de piedad sencilla y con una gran confianza en la Providencia. Tuvo fuerzas para soportar con resigna– ción ejemplar, e incluso con alegría, la grave enfermedad que le llevó al sepulcro. «¿Qué quieres que diga en la homilía de tu funeral, Miengo?» -le preguntó bromeando el P. Superior-. Y él, también en un ambiente disten– dido, contestó: «Que, a pesar de todo, siempre he confiado en Dios». BIBLIOGRAFÍA: BOP 32 (1979) 185 s. 523
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